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La democracia es uno de los conceptos sobre los
cuáles con mayor insistencia se habla, y paradójicamente uno de los que menos se
aborda con claridad en la opinión pública. Con el paso del tiempo se ha nombrado
tanto que se cree saber a lo que se refiere.
Aquel sustrato de gobierno popular proveniente
de la vieja Grecia, matizado en las revoluciones de la modernidad bajo el
principio de la búsqueda de los mejores destinos para la mayoría, respetando las
minorías, se ha hecho difuso. Y lo ha hecho porque la democracia, que sigue
siendo una metodología del poder, se le suele juzgar a priori.
Es decir, se
juzga el resultado del juego juzgando las reglas que ya han sido acordadas, pero
no lo que se hace a partir de ellas. Es decir, la democracia es victimizadas por
lo que hacen sus protagonistas.
Uno de los resultados de este comportamiento es
generar mayor polarización, entendida como el grado o distancia entre la
oportunidad de generar u operar a partir de consensos. La política, que
precisamente se mueve a partir de conflictos o consensos, necesita de ambos,
pero obligatoriamente de estos últimos para sobrevivir en términos democráticos.
Así, la polarización se puede entender como un
factor positivo mientras se canalice dentro de los límites institucionales y
públicos de la política, dando cabida al conflicto que hace parte de la
naturaleza humana.
Los problemas comienzan cuando la polarización
se hace tan alta que la democracia se ve amenazada a partir de una valoración de
suma cero no dialogante desde contenidos extremos a nivel ideológico, social,
religioso, cultural o de liderazgo personalista.
No se trata entonces de negar el conflicto, sino
de emplearlo a través de la política pública: el gran invento de la modernidad.
La democracia, entendible dentro de los principios de pluralismo y participación
como anotó el politólogo Robert Dahl (Poliarquía, 1971), es la manera que
permite legitimar y funcionar dicha esfera pública.
Su negación es la
polarización extrema que conduce en su versión más aguda a la violencia extra
institucional que países como Colombia -a derecha o izquierda- conocen de sobra.
¿Quiénes polarizan un contexto político?
Podemos decir que en primera instancia las élites políticas, quienes están a la
cabeza del ejecutivo, los estamentos legislativos, representan los partidos
políticos o son voz de alguna corporación económica, militar o eclesiástica de
importancia.
Por otro lado, también los miembros de la
sociedad civil, los grupos de interés, oposición, los medios de comunicación o
el simple ciudadano, para quienes la adhesión o rechazo a determinado discurso
político puede llevar (o debería llevar) a la inconexión o ruptura del diálogo
democrático y el establecimiento de consensos.
Se advierte así que las posiciones medias o
centristas, no confundibles necesariamente con el discurso de la corrección
política, no deben limitarse a roles pasivos sino activarse dentro de su
alineamiento democrático.
Repensar la
polarización y sus amenazas es fundamental para sustentar proyectos que aspiren
realmente a ser democráticos. En tiempos recientes, escenarios como América
Latina demuestran la amenaza creciente del regreso a polarizaciones extremas
como forma de construcción del discurso político, donde más allá de las
coyunturas sociales o económicas aún no resueltas se distorsiona el significado
y funcionamiento de la democracia.
La mayor prueba de este peligro está en el
arribo del uso casuístico de la democracia participativa por encima de la
representativa, los populismos de izquierda y derecha y los que ahora desean
legitimar su “Estado de Opinión”.
El filósofo
alemán Jürgen Habermas desde la década de 1960 ha construido una literatura
sólida que trata de explicarnos el funcionamiento de la esfera pública,
mostrándonos toda la sencillez de sus principios pero la complejidad de su
lectura, formación y funcionamiento.
Ahora que los
dueños del discurso polarizante se sienten también los propietarios de la
opinión les convendría leer a Habermas. Pueden estar tranquilos: requiere
tiempo, pero existen traducciones aceptables del alemán al castellano
disponibles.
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