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A propósito de los Realities
Ídolos mediáticos: de freakies y agujas Por Rodrigo Prieto Fuente: Servicio de Información sobre Internet Desde hace un tiempo, con la irrupción de los reality shows en gran parte del mundo (de Perú a Rusia, de Estados Unidos a Japón), ha surgido una serie de personajes mediáticos que fundan su éxito en el hecho de estar dispuestos a vivir frente a las cámaras, ya sean las ocultas de casa, como en «Gran Hermano», o bien, las de los canales de televisión que los siguen a todas partes como si fuesen importantes personalidades. Tal como en los hollywoodenses «El Show de Truman» o «Ed TV», se trata de personajes comunes y corrientes que un buen día, seducidos por suculentos premios y la tentación de la fama, aceptan exponer su intimidad, para diversión y deleite de un público curioso, indiscreto y ansioso de historias ajenas. Por eso, cuando los productores televisivos se creyeron de verdad eso de que la vida real supera la ficción, no han dejado de inventar distintas fórmulas para mostrar los apasionantes altibajos de la vida cotidiana de sus conejillos de indias, los cuales, por supuesto llegan a serlo después de un casting que generalmente busca seleccionar una fauna lo suficientemente variada y freak (rara, fuera de lo común), para despertar la identificación y el morbo de los espectadores. Algunos de estos personajes son Ismael Beiro, de la primera versión de «Gran Hermano» de España; Javier Estrada, de «La Granja VIP» en Chile; Mirtha Vergara, del «Gran Hermano de Cholywood», en Perú; Lorena Meritano, de «Isla de Famosos» en Colombia; o Vilma Carranza, del «Brahva Challenge» de Guatemala, entre otros tantos «célebres efímeros», como los llama el profesor Fernando Andacht, de la Universidade do Vale do Rio dos Sinos, en su libro «El Reality show: una perspectiva analítica de la televisión» ( http://www.uolsinectis.com.ar/biblioteca/html/notas/200303111630/ ). Referentes suplentes Hay diversos aspectos que llaman la atención en este fenómeno mediático. Por una parte, no se trata más que de simples ídolos adolescentes, como los que todos tuvimos alguna vez. La diferencia es que a quienes ya pasamos la barrera de los 30, estos ídolos nos parecen frívolos y superficiales, pues su fama o reconocimiento social no se fundamenta en sus habilidades, destrezas o valores, sino en el mero hecho de no tener vergüenza de exponer su vida privada públicamente... y lo que es peor, vivir de eso. De hecho, justamente por exponerse, estos personajes cobran altas sumas de dinero, que los medios de comunicación pagan con gusto, pues su sola presencia en portadas y programas, es garantía de ventas y alto rating. Si sólo quedara en eso, no habría problema, pero no siempre es así. Desde algunas perspectivas pedagógicas, la exagerada afición que demuestran muchos adolescentes por estas figuras televisivas, expresa la búsqueda de referentes, como respuesta a la ausencia o desdibujamiento del rol de los padres, como ejemplos o modelos a seguir. Un caso extremo de esta situación es un estudio realizado en Italia entre niños de entre 8 y 10 años, según el cuál los niños «quieren un padre como el de Bart Simpson» ( http://www.terra.com/actualidad/articulo/html/act354.htm ). En una franja de edad mayor, probablemente los adolescentes y jóvenes no harán este tipo de afirmaciones, pero sí, por otras vías, pueden considerar a estos iconos mediáticos como sujetos modelo, como consecuencia de la necesidad de un sentido de pertenencia al colectivo en que se insertan. Al respecto, la profesora de Semiótica, Adriana Rizzo, sostiene que «a través de la televisión la moda se introduce en las vidas privadas sugiriendo, persuadiendo o imponiendo usos del cuerpo, del vestido, modos de pensar y sentir uniformes y generales llegando igualitariamente a los más disímiles sujetos del campo social. (...) Así, lo pertinente no sería tanto el “estar a la moda” para distinguirse, ser original; como el “estar a la moda” precisamente para no diferenciarse, adaptarse a ese “común modo de ver y sentir”, integrarse a lo social, cualquiera sea la clase a la que se pertenezca. Hoy se diferencia más el “snob” o el excéntrico que el individuo de la clase dominante». ( http://www.unrc.edu.ar/insti/05/comu/temasyproblemas/pdf/temasyproblemas_07.pdf ). Esta misma ausencia parental en la formación de los niños y adolescentes, es también una de las causas de la forma en que éstos relacionan con las nuevas tecnologías, lo que se combina con otros factores sociales contextuales, como las condiciones de habitabilidad y seguridad ciudadana, tal como sostienen María de los Ángeles Gavilán y Silvia D’Onofrio: «El adolescente que habita en las grandes urbes sobre todo el de clase media, al tener que estar restringido en el espacio del hogar por la inseguridad y violencia de las calles, opta por buscar grupos de referencia desde casa y no precisamente con una presencia física sino utilizando tecnología. En este espacio virtual busca grupos de interés (de charla o chat rooms) o de intercambio (correo electrónico o el ICQ)» (http://www.educared.org.ar/vicaria/adjuntos/tema-mes/Conf-Adolescencia.pdf ). Torciendo la aguja Sin embargo, hace tiempo ya que quedaron atrás las teorías comunicativas basadas en el modelo de la «Aguja Hipodérmica» planteado por H. Lasswell ( http://www.infoamerica.org/teoria/lasswell2.htm ), según el cual los medios de comunicación eran capaces de «inyectar» contenidos en el público, prácticamente sin intervención. Lejos de dichos enfoques, hoy se asume que la forma en que un individuo se relaciona con los medios de comunicación –y en especial con la televisión- está muy relacionada con el entorno en que se desenvuelve y con los otros referentes con quienes interactúe para significar los contenidos que aprehende a través de los mass media. En este sentido, los estudios culturales hablan de «audiencias activas», en las cuales el contexto cotidiano del público adquiere gran relevancia. «Para María Corominas, la familia se ha definido como el contexto de recepción especialmente pertinente. Los estudios de audiencia se mueven en el entorno del individuo, sus relaciones personales directas, sobre todo dentro de la familia» ( http://www.nombrefalso.com.ar/materias/teorias/index.php?pag=3&trabajo=luengo ). A partir de aquí, lo que se busca es destacar el rol activo –la agencia, según De Certeau ( http://www.geocities.com/Paris/Rue/8759/certeau2.html )- del ciudadano común en la significación de su vida cotidiana. Es decir, confiar en la capacidad crítica y resignificativa de cada individuo, a partir de su experiencia personal. Aplicado a la relación de los jóvenes con los medios de comunicación, el Doctor José Manuel Pestano Rodríguez, sostiene que hay que dejar atrás aquellas concepciones primitivas en que éstos –los mass media y en especial la televisión- son un «instrumento capaz de modificar conductas y actitudes», para dar paso a comprensiones en las que se les considere como «un instrumento capaz de fortalecer determinadas actitudes, ya existentes o latentes» ( http://www.ull.es/publicaciones/latina/aa2000sab/113pestano.html ). Equilibrando Entre la alarma social y el laiser faire («dejar hacer»), es preciso hallar un lugar que nos aleje de los prejuicios inmovilizadores o de una indiferencia ingenua respecto de los contenidos de los medios y de cómo los adolescentes y jóvenes se relacionan con ellos. Es cierto que los medios pueden influir y marcar ciertas modas en la conducta de los jóvenes, pero en ningún caso de manera automática e irreflexiva, pues éstos no son simples esponjas, sino personas que piensan, sienten y se movilizan. También es cierto que los roles parentales se han debilitado, pero no han desaparecido. De modo que ante la preocupación sobre la falta de referentes de los adolescentes y jóvenes, más que lamentarse o traspasarse culpas entre padres y escuelas, una alternativa es aprovechar al máximo el tiempo compartido para traspasar criterios –que no normas o imposiciones- que les puedan servir como faro para navegar por el mar de información en que se mueven, sin naufragar en el intento. Recordando, claro está, que a niños y jóvenes lo que realmente les impacta y ofrece seguridad es la coherencia vital de los adultos entre lo que hacen y los criterios que expresan de palabra.
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