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Todos quieren subirse al tren de
Asia, pero ¿es sostenible el crecimiento de China?
Fuente:
Wharton- Universia
El sector bursátil de China es uno de los muchos sectores que
están cambiando a pasos agigantados, sobre todo ahora que el
país se prepara para entrar definitivamente en la Organización
Mundial de Comercio. Esa es la opinión de los participantes en
la conferencia sobre Asia celebrada recientemente en Wharton
como parte del Global Business Forum.
Como era de esperar, China acaparó la mayor parte de la
conferencia y los participantes llamaron la atención sobre la
velocidad a la que el país está avanzando. Estados Unidos contó
con unos 200 años para depurar sus sistemas financieros,
explicaba uno de los panelistas, pero China tan sólo ha tenido
20 años para ponerse al día. El extraordinario crecimiento de
China es incluso más extraordinario a la luz de su herencia
cultural, que en comparación con el estilo empresarial
occidental fomenta un progreso lento y deliberado.
Pero este crecimiento económico no es algo exclusivo de China.
En una de las conferencias Y. J. Choi, representante permanente
de la República de Corea ante las Naciones Unidas, predecía que
el siglo XXI será “el siglo asiático”. Una profunda comprensión
de la cultura distintiva del este asiático, afirmaba Choi, será
indispensable para aquellos que deseen “subirse al tren
asiático”.
El viajero sofisticado
Gran parte de las ponencias se centraron en el explosivo
crecimiento económico de Asia, y los panelistas también se
preguntaban si semejante crecimiento es sostenible. La respuesta
es que sí, “siempre y cuando no haya crisis políticas”, afirmaba
Ho Kwon Ping, presidente ejecutivo del holding Banyan Tree, una
cadena de hoteles de lujo de Asia. Su optimismo se basa en su
experiencia en el sector de los viajes y el turismo, que a
menudo es el detonante y guía del desarrollo económico. Durante
la expansión de los países en desarrollo, existe una cifra de
renta per cápita mínima necesaria para que el turismo prospere,
señalaba Ho. “Esta [regularidad económica] se pudo observar en
Japón y Corea a lo largo de los últimos 50 años, y ahora lo
estamos viendo en China”.
De hecho, China es un creciente proveedor de turistas con
destino a los exclusivos centros Banyan Tree en las islas
Maldivas, en el Océano Índico. En uno de los spas de Banyan, en
Shanghai, la empresa cobra tarifas más altas que en el resto,
una decisión ante la que el mercado chino ha reaccionado muy
bien. “Una pequeña pero creciente parte de la población china
está formada por viajeros sofisticados”, decía Ho. “Creemos que
el país será uno de los grandes participantes en el turismo
mundial”. En sus opiniones, Ho está pasando por alto la
posibilidad de que una burbuja golpee al mercado; así todo, en
general, las señales fundamentales de crecimiento en Asia son
fuertes.
“Bienvenidos los jugadores externos”
Durante un debate sobre el desarrollo del sector bursátil, los
participantes señalaron que, en los últimos 20 años, China ha
invertido significativos recursos en su infraestructura
bursátil. En opinión de Jin Xiaobin, presidente asistente de
Haitong Securities, los mercados de capital tienen un gran
potencial de desarrollo, incluso si las firmas bursátiles se han
de enfrentar cada vez a mayores dificultades. “Tan sólo tenemos
14 años de historia”, decía Jin, “y estamos experimentando los
problemas que Estados Unidos tuvo hace décadas”. Los tres
principales negocios en el sector son: el corretaje (70%), la
banca institucional (15%) y la compraventa de patentes, así como
la gestión de activos (15%).
En diciembre de 2004, los activos netos totales de 114 firmas
bursátiles de China superaban los 66.900 millones de yuanes
(8.300 millones de dólares), con 45.300 millones de yuanes
(5.600 millones de dólares) en capital neto. Los crecientes
problemas que mencionaba Jin se deben, en parte, a la
reorganización del sector. Las firmas ahora se están
consolidando y, desde 2003, se han cerrado unas diecisiete. El
sector también está pasando por un periodo de innovación,
añadía, con una mayor importancia de la profesionalidad
(ofreciendo servicios al cliente con valor añadido) e
internacionalización (el desarrollo de negocios y joint ventures
en el exterior).
El mercado de fondos de inversión está también en una fase
innovadora, sostenía Ding Ying, director ejecutivo y responsable
de inversiones en Citi Fund (China). En los últimos años se han
aprobado en el país leyes sobre fondos de inversión que regulan
a los gestores y custodios de fondos. El Consejo del Estado y la
Comisión de Valores de China dictaron leyes adicionales. El
mercado de fondos de inversión chino, ahora abierto a los
inversores extranjeros, (49.600 milones de dólares), y los
bancos son el principal canal de ventas de los fondos.
El mercado de valores en China ha experimentado enormes cambios
desde la creación de la Bolsa de Shanghai y de Shenzhen, en
1990. Por aquél entonces cotizaban 10 empresas. En 2004, esa
cifra había alcanzado las 1.377 empresas. El valor de las
acciones cotizadas es de 140.000 millones de dólares, y el valor
del capital total es de 150.000 millones de dólares. “Son
relativamente pequeñas en comparación con las bolsas de Estados
Unidos”, recordaba Wu Zuyan, vice-director de investigaciones en
China Galaxy Securities, “pero existe un enorme potencial de
crecimiento”. En opinión de Wu, la volatilidad del mercado de
valores está disminuyendo, y los inversores individuales –UBS es
el mayor inversor extranjero-, dominan el mercado.
En opinión de Wu, uno de los principales problemas que afectan
la bolsa son las acciones no-comercializables, una peculiaridad
del mercado chino donde es habitual que dos tercios del capital
total de una empresa sean no-comercializables. “En este mercado
no se pueden realizar muchas fusiones y adquisiciones si la
mayoría de las acciones son no-comercializables”, decía Wu
añadiendo que el Gobierno está trabajando duro para convertir
acciones no-comercializables en comercializables. Además, la
gobernabilidad ha mejorado significativamente y se han
establecido sistemas de control de riesgo internos. La opinión
de Wu sobre el mercado de valores es extremadamente positiva.
“La proporción de mercados de capital en relación al PIB es tan
sólo del 20%”, explicaba. “Tenemos un potencial razonable de
fondos, incluyendo fondos de pensión, administración de
seguridad social y fondos de seguros”.
Antes, los inversores eran reticentes a adquirir acciones,
señalaba He Kuanhua, director empresarial del departamento de
banca de inversión de G. F. Securities, pero eso ha cambiado a
medida que aumentó la confianza de los consumidores. En el
pasado, el Gobierno regulaba el tamaño de las ofertas públicas
iniciales y restringía su número en cada región. Recientemente,
el Gobierno ha intentado reducir su impacto sobre las emisiones,
aunque las empresas cualificadas aún necesitan la aprobación del
Gobierno para hacer una oferta pública inicial. En 2005,
mientras el Gobierno trabajaba en la reforma de las acciones no-comercializables,
las ofertas públicas iniciales se paralizaron, aunque se espera
que la actividad se reanude pronto, añadía He.
Todas estas reformas, junto con la entrada de China en la
Organización Mundial del Comercio este año, causará mejoras
dramáticas en el sector bursátil del país, afirmaba Jin,
añadiendo que “todas las empresas chinas dan la bienvenida a las
empresas extranjeras”, haciendo alusión a la creación de más
joint ventures con socios extranjeros en fondos de inversión.
Yin y Yang
La infraestructura bursátil es tan sólo una parte en la ecuación
del desarrollo, subrayaba Choi de la República de Corea. A la
hora de comprender la prominente posición de Asia en la
actualidad se debe tener en cuenta que “la población es la
fuente más importante de crecimiento económico en el área”. La
población del este asiático supera los 1.600 millones de
personas, más del doble de la población de Norteamérica y Europa
combinadas, está “altamente educada y motivada, determinada a
cambiar las cosas”, explicaba Chou, señalando que el este
asiático tiene una cultura y carácter distintivos que favorecen
el crecimiento económico”.
Utilizando el ejemplo del yin y el yang, Chou contrastaba las
diferencias entre el mundo asiático y el mundo occidental. En el
continente asiático cuando se escribe la dirección en un sobre,
primero se pone el país, seguido de la ciudad, después el
apellido y por último el nombre propio. En el mundo occidental
es justo lo contrario. Además, existen diferencias en el modo en
que la gente cuenta con los dedos: en Occidente una persona
empieza a abrir el puño al contar. En Oriente primero se abre la
mano y se retraen uno a uno los dedos hasta formar el puño.”En
mi opinión estas características también se reflejan en las
prácticas empresariales. Es la diferencia entre la moderación de
Oriente y el extremismo de Occidente, entre la planificación a
largo plazo de Oriente y los beneficios a corto plazo de
Occidente, entre la planificación estratégica de Oriente y los
benéficos tácitos de Occidente”.
Siguiendo con las comparaciones, Choi sugería que el juego del
ajedrez personifica el modo en que Occidente se había
desarrollado: victoria tras victoria, colisión frontal tras
colisión frontal. “Occidente se desarrolló conquistando espacios
abiertos e inmensos océanos”, decía. “Oriente se desarrolló en
un entorno cerrado, con un océano no navegable hacia el este,
las montañas más altas del mundo hacia el norte y junglas hacia
el sur”. Irónicamente el mundo occidental transformó un mundo
abierto en un mundo cerrado.
En opinión de Choi, el juego Go, popular en el Asia Oriental,
podría ser una metáfora más apropiada sobre cómo hacer negocios
en el cerrado mundo del siglo XXI. “El Go a veces es muy
tedioso”, decía. “Y a veces necesitas perder una batalla local
para poder ganar una batalla más importante”. Su conclusión era
que no hay que caer en el debate sobre quién es mejor. “Somos
diferentes, como las manzanas y las naranjas. Simplemente acepta
las diferencias y aprende de ellas”. No obstante, Choi señalaba
que el ordenador Deep Blue de IBM, diseñado para jugar al
ajedrez a alto nivel, había vencido a un jugador profesional de
ajedrez en 1995, pero que aún no existía inteligencia artificial
capaz de vencer a un jugador de Go, aunque sea amateur.
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