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Aún
no emprendo la partida
Por: Andrea Carolina González Rojas
Hasta tus uñas reviento en vuelo,
si me despido, déjame bajar hasta tu rincón oscuro
donde me aguarda la sal y la lujuria del senuelo,
no me dejes, pequeña, en un sumidero.
Paso tus límites y tus fuegos en carne viva
y tus valles de metal blindado, tan sumisos;
de tus cordilleras y tus resbaladizos
vágame señora por tus pechos y tu lengua sugestiva.
Dame tu geografía de comer,
por pulcra mi señora no me ennegrezca la mirada,
no grite mi señora que aún no emprendo la partida,
señora, el desfiladero de tus ríos amenaza descender.
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