Ejemplificación del mono
en alguna profesión
Por:
Anyela Roxana Pinto
Castellanos
Yopal, Casanare
Una hoja en blanco es tal
vez el peor reto al que me
pueden enfrentar. No cuento
con los años y años de
experiencia como para sentir
la veteranía a mi alcance
pero puedo decir con plena
seguridad que no hay nada
más vergonzoso que no tener
de que escribir y saber que
hay muchas cosas por decir
pero no salen.
Antes de escribir lo que
quería escribir, muchos
temas llegaban a mí, lluvia
de ideas tal vez
inteligentes y que según la
ruta que encaminaran
tendrían éxito, pero para
que tuviesen una ruta,
primero yo tendría que
encaminar lo que quiero y es
así como una vez más paso mi
propia vergüenza de no saber
hacia donde las dirijo.
Y es que en esa ruta de “el
papel del trabajo en la
transformación del mono en
hombre” de Federico Engels,
me encuentro yo. Y como dice
su prólogo: “Indudablemente,
los procesos de producción
que se dan en el desarrollo
de un trabajo han tenido
gran influencia en la
historia de la evolución del
hombre;…” es ahí donde me
sitúo y donde procuro
detener mi tiempo y mi ritmo
de vida, para analizar bajo
que parámetros realizo y
estudio el desarrollo de mi
producción. Pero entonces
recuerdo que un tema álgido
deambula por la carretera
que conduce a la Virgen de
Manare y me pregunto si el
asfalto y los árboles que
rodean ese sector hablaran,
de cuantas dudas nos podrían
sacar a quienes no estuvimos
ahí el día del partido.
Entonces, empiezo queriendo
decir que en nuestra
profesión, situando ésta en
el departamento en el que
estoy, hay y no hay
parámetros para la
elaboración del trabajo
periodístico. Y es que, aún
caminamos en cuatro patas y
nos ponemos en dos como un
recurso circunstancial
siempre y cuando pongamos
nuestras manos para recibir
algo a cambio.
Engels dice que las manos
sirven fundamentalmente para
recoger y sostener los
alimentos … Ciertos monos se
ayudan de las manos para
construir nidos entre los
árboles, y algunos como el
chimpacé, llegan a construir
tejadillos entre las ramas…
y digo yo: ciertos monos se
ayudan de las manos para
recibir casas y armar su
nidito entre apuestas. Pero
continúa Engels: La mano les
sirve para empuñar garrotes,
con los que se defienden de
sus enemigos, o para
bombardear a éstos con
frutos o piedras. Y entonces
digo yo, haciendo esta gran
comparación entre el mono y
alguna profesión por ahí que
no me jacto de admirar pero
de la que soy consciente se
compra lo consciente. La
mano les sirve para empuñar
fajotes, con los que, como
decían algunos, no le hacen
daño a nadie y sí le falta a
muchos, pero luego de
empuñarlos, bombardean y
atacan una vez más con el
poder que tienen de la
palabra.
Pero bueno no interrumpamos
más a Engels porque él
continúa con su explicación
final: …la mano se hizo
libre y podía adquirir ahora
cada vez más destreza y
habilidad; y esta mayor
flexibilidad adquirida se
transmitía por herencia y se
acrecía de generación en
generación. Veamos pues que
la mano no es sólo el órgano
del trabajo: es también
producto de él.
Y con esto podemos llegar a
una conclusión que para
nadie es secreto en estos
últimos días donde tanto
runrún va y viene por entre
los cables y micrófonos,
grabadoras y lentes de las
cámaras, ¡ah! y por uno que
otro despacho gubernamental.
La mano y no sólo la mano se
hizo libre y podía adquirir
mayor maña y hábito; y esta
mayor elasticidad adquirida
y transmitida por herencia
se acrece de generación en
generación. Palabras más
palabras menos, el tema de
la casa, el tema de la
repartición de unos dineros,
qué será ¡ahhh!, ¿será que
tanta queja es porque no a
todos se les dio del
regalito? o ¿será que en
realidad aún quedan
conscientes a los que no se
les consiente tan fácilmente
y que ponen por encima el
bello arte del comunicar? o
¿seguiremos en la generación
del que le consienten y sin
embargo siguen dando lora
sin cansancio?
¡Mmm! no se que tanto pueda
lograr con lo que he dicho,
lo cierto es que mis
cuartillas han sido bañadas
por las letras de nuestro
abecedario y la
majestuosidad de la
gramática que también nos
causa serios problemas
durante nuestra vida
académica y que aún saliendo
de ella no dominamos bien.
Menos mal ésta no se vuelve
carne porque si así fuera,
más de uno ya le hubiese
hecho una invitación.
Bueno espero releer esto
algún día y poder agradecer
personalmente a Federico
Engels, nacido en Bermen
(Alemania), el hecho de
haber elaborado este
manuscrito con el que
sabemos de donde provenimos
y por qué somos como somos y
de donde hemos evolucionado
hasta nuestros días con
mañas o sin mañas.
BIBLIOGRAFÍA
• Engels, Federico; El Papel
del Trabajo en la
Transformación del Mono en
Hombre. Editores El
Pensador.