
El hombre
perdido en su dualidad
SARAMAGO, JOSÉ, El hombre duplicado, Alfaguara, 2002, 407
páginas.
Sergio
Ricardo Peñaranda
Comunicación Social
Universidad Sergio Arboleda
La
esperanza de ser único, impar e irrepetible crepita
fatigosamente, esperando ser escuchada por el hombre que no es
más él mismo, que ha perdido su identidad en medio de una vida
aburrida y estéril, que ya no espera nada más sino seguir
balbuceando algunas palabras en medio de paredes forradas por
libros de historia. Es la esperanza de una persona llamada
Tertuliano, un nombre irrepetible, un hombre duplicado.
Tertuliano Máximo Afonso, es un profesor de historia que
tropieza con su copia exacta en una mala película que le
recomienda un compañero de trabajo. Encontrar a su doble se
convierte en su objetivo y en su obsesión, y con su inteligencia
embotada y su sentido común rezagado, emprende la búsqueda que
no presagia nada bueno. Pero el camino no es fácil, aunque para
Tertuliano cada dificultad es un acicate que lo llevará a lograr
su objetivo; sin embargo, su triunfo es sólo aparente, ya que su
copia siente que su identidad ha sido amenazada, y que es
necesario tomar las medidas adecuadas.
A pesar de ser un tema que ha sido varias veces referido, el
tratamiento literario y la pertinencia que tiene, sólo podrían
provenir del Nóbel José Saramago. Nació en Portugal el 16
de noviembre de 1922 en una familia de artesanos. Trabajó como
periodista y es miembro del Partido Comunista Portugués. Publicó
su primera novela, Tierra de pecado, en 1947, y en 1998, después
de varios años de creación literaria, recibe el Premio Nóbel de
literatura. Sus novelas sondean la condición del hombre en
situaciones extremas, y está basada en una ética de compromiso
con el ser humano. Suele hacer descripciones largas e incluir
reflexiones oportunas acerca de situaciones cotidianas o
insólitas. Saramago denuncia los males que afectan al ser humano
y al mundo, obligando al lector a la introspección, acto que
permite una verdadera evolución en el individuo.
La novela se centra el eterno problema de la identidad. Esta
cuestión, antes tratada por el escritor ruso Dostoievski en El
doble, ahora cae en manos de Saramago. Pero además de los
elementos psicológicos presentes en la obra, el autor escribe
sobre el ser en tiempos en donde la identidad se está perdiendo
en la suntuosidad de lo que llamamos vida, y para algunos,
Saramago presagia algo espantoso: la clonación. Por eso no debe
sorprender que la angustia que siente Tertuliano Máximo Afonso
sea parte de la cotidianidad del hombre postmoderno, aquél que
está confundido entre máquinas y objetos que rutilan,
construidos con el fin de que el hombre no vea, de dejarlo en su
ceguera.
La novela tiene la misma altura que su autor. Se desliza
cuidadosamente por el pensamiento del protagonista, enseñando
toda la intriga como una novela cualquiera, pero al mismo tiempo
plantea al lector penetrantes preguntas, y para algunos
significa un vaticinio de lo que será la reproducción del hombre
por la ciencia, quiere decir, la perdida de la individualidad,
la victoria de la razón mecanicista. Pero no significa que el
hombre tenga que entregarse al fatalismo. Saramago hace un
llamado al sentido común y al buen manejo de la razón para que
el ser humano no caiga en errores que lo llevará a su propia
destrucción, para que un día no vea en un película un ser igual
a él y tenga que salir a buscarlo. De esta forma, la demanda que
se hace El hombre duplicado merece la consideración detenida de
sus partes para encontrar el significado del todo. Aunque la
característica más importante de la novela es que cuando el
lector la termina, pareciera que ésta se quedara mirándole,
esperando que cambie su atónita expresión y vuelva unas páginas
atrás para releer algún buen pasaje.