Hoy en día no se sabe a ciencia cierta qué
nos aqueja más, si la crisis financiera y económica mundial, si
el terrorismo, la guerrilla colombiana, el paramilitarismo, el
hambre y la miseria o el maltrato intrafamiliar (inclúyase en
este el abuso contra nuestros niños) lo que sí se sabe, es que a
diario nos espanta ver en las noticias el gran alerta sobre la
violencia infantil, en cualquiera de sus formas (verbal, física
o mental). Estamos destruyendo nuestras futuras generaciones,
todos debemos incluirnos porque en cierta medida somos actores
directos o indirectos al mantener silencio y al no actuar. De
alguna manera, todos podríamos concordar que los problemas
vienen de casa, de la institución familiar donde se desarrolla
el ser humano, entonces, las preguntas que caben hacer serian
¿Qué está pasando en los hogares? ¿Se están desintegrando? ¿Qué
sucede con la formación dentro de las familias? Hace unos días
se despertó aquel gigante dormido del que todos éramos
concientes pero que ninguno se atrevía a denunciar, el asesinato
de un niño de 11 meses nos hizo un llamado de alerta por
milésima vez. Hemos estado atentos a los avances que se han
hecho sobre el tema, la pregunta es ¿Dónde están el resto de
historias de abusos, violaciones, maltratos…crímenes contra los
niños colombianos? ¿Qué se les ha hecho a los culpables? ¿Por
qué hasta hoy reaccionamos y empezamos a tomar medidas? ¿Esas
medidas valen la pena?
Es horrendo a los ojos humanos el tipo de atrocidades que se
cometen a diario con los pequeños, muchas de estas pasan por
nuestros ojos siendo algo común pero que no deja de ponerle la
piel de gallina a cualquiera, bueno, por lo menos a quienes aún
tienen corazón. El problema se puede analizar desde cualquiera
de las múltiples causas, pero se debe entender lo que es
realmente el maltrato infantil, definido este como “cualquier
acto por acción u omisión realizado por individuos, por
instituciones o por la sociedad en su conjunto y todos los
estados derivados de estos actos o de su ausencia que priven a
los niños de su libertad o de sus derechos correspondientes y/o
que dificulten su óptimo desarrollo” según el Centro
Internacional de la Infancia de París[1].
Si desglosamos la definición tomando en cuenta los apuntes
señalados al tema por Ligia Ferrufino, tenemos que cada uno de
los aspectos dados parten de un núcleo común: la familia, para
Ferrufino la familia es: “institución social encargada de
transformar un organismo biológico en un ser humano”. Elsy
Bonilla da una interpretación sobre el libro “Antropología y
Familia” de L. Ferrufino: “La familia debe ser estudiada como
grupo, como institución y como estructura social. El estudio de
la familia, abordado desde esta triple perspectiva, se presenta
como una verdadera herramienta analítica de la realidad social,
por cuanto "permite conocer el uso de los recursos económicos,
la reproducción y socialización de los menores, así como la
provisión de una interacción psicosocial regulada".”[2]
Bien, pues se gesta en los hogares la principal causa de los
abusos cometidos a los niños, existen varios modelos que
pretenden estudiar el por qué, de una u otra forma concluyen en:
“El maltrato es la expresión de un proceso de distorsiones en la
interacción familiar y no el resultado de una conducta aislada
de uno de sus miembros. Es decir, es la expresión de una
disfunción en el sistema que involucra a padres, niño, ambiente
y cultura.”[3]
De la misma manera que las cifras
demuestran la cantidad de niños afectados de los casos
conocidos, se encuentra la inclusión de la familia involucrada
en cada una de las características de quienes cometen abusos
contra los menores. Según estudios realizados, en las costas
colombianas, el 67% de los hogares permiten el castigo como
método educacional, esta cifra va anidada con la pobreza y el
conflicto armado, incrementando la tasa. Situaciones como el
desplazamiento son generadores de violencia puesto que la
relación y la estructura familiar se ven obstruidas; la
conclusión es semejante cuando es el padre, cabeza de hogar.
“En el caso de Cali, de acuerdo con del Observatorio de
Violencia Intrafamiliar de la Secretaria de Salud de Cali, en el
primer semestre del 2005 se registraron 3044 casos de violencia
intrafamiliar dirigida especialmente a los niños. De éstos, un
14% fueron casos registrados en niños entre 10 y 14 años,
seguidos por el maltrato a niños entre 5y 9 años con un 12%.”[4]
Para este mismo año, en todo el país se registró una cifra de 38
mil niños y niñas, claro, de las que son conocidas por las
entidades respectivas de la protección infantil, pero aun muchos
de nuestros niños siguen siendo cifras inciertas de maltrato.
Para el año siguiente, 2006, el crecimiento fue de un 63%
respecto al año anterior, esto indica que por cada 100 niños y
niñas hay 36 que han sufrido agresiones[5].
En el portal Web de la Senadora Gina Parody se señalan
gráficamente estas cifras:
Cifras de
violencia en menores en Colombia - Cifras a Julio[7] NUMERO DE NIÑOS
AFECTADOS POR DIA[7] NUMERO DE NIÑOS
AFECTADOS POR MES[7] GRAFICA DE
TOTALES[7]
Las estadísticas dan gritos de auxilio,
son la voz de quienes callan, de los pequeños que han sufrido y
es un llamado a que se haga algo ¡YA! Quizá en materia legal se
haya avanzado, pero a la hora de llevarla a la practica nos
fijamos en que seguimos siendo flexibles. Desde hace poco las
historias de abortos, niños abandonados y maltratados llevaron
una voz que habla por ellos a la política, es por todos conocido
la labor de la Concejala Gilma Jiménez, quien convoca un
referendo en los primeros meses de 2009 para modificar el
artículo 34 de la Constitución colombiana que prohíbe las penas
de destierro y prisión perpetua, con la ayuda de la recolección
de firmas de los colombianos. Es que 200 mil niños agredidos
anualmente[6]
no son una minoría que se excluya, es tan sencillo como que
nuestro país futuro esta siendo abusado y maltrecho.
Muchas de las preguntas siguen esperando
respuesta, no se requieren estudios ni análisis que nos den
diariamente un número, los seres humanos no podemos permitir la
degradación de ser una cifra. Es complicado dar una solución
cuando no se está inmerso en el tema, cuando no se puede
determinar la suerte de los pequeños que diariamente viven
situaciones de maltrato, todos tenemos el deber de denunciar, de
dar pasos y uno de estos es el apoyo a la cadena perpetua de los
agresores, que la ley sea inflexible y dura porque esta en juego
lo mas valioso de la sociedad. Esto no es solo un problema de
sanidad pública, ni de la Fiscalia, ni del Bienestar Social,
simplemente nos toca a todos. La información mediática también
debe generar integración y no lo contrario, entonces, ¿Cómo se
está educando Colombia? La respuesta la encontramos en lo que
vemos, lo que leemos y en la despreocupación que sentimos por
nuestros semejantes, cada uno vive en su propio ego sin darse
cuenta que afecta al otro, ahora tanto niños como adolescentes
pasan más tiempo pensando en como dañar al otro que en saber dar
color a sus vidas.