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Las 7 cuerdas
de mi lira
Jessika Angarita
Escuela de Comunicación Social y
Periodismo
IX Semestre
Aquellas voces femeninas lo atormentaron por más de
tres años y aunque cientos de veces intentó buscar su
procedencia, siempre asumía que su bendito vicio era el que
se había encargado de darles vida. Pero en medio de una
noche incoherente como aquellas que boicotean lo cotidiano,
desaparecieron.
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Pasos oníricos para despertar
Sergio Ricardo Peñaranda
Universidad Sergio Arboleda
Escuela de Comunicación Social y
Periodismo
Al
final de una calle iluminada por la luz lánguida de unos
faroles hay un perro, es el perro de mis sueños, pues lo
estoy soñando, pero aún no sé si lo tendré en el momento de
despertar.
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Carta
abierta al señor picaporte
Sergio Ricardo
Peñaranda
Una, dos, tres... ocho, nueve
baldosas. Nueve baldosas separan mi cuarto del de ella,
del de mi hermana...
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La apertura del
soldado
Por: Miguel
Estaban Mera

Miro
el firmamento a través de un pesado casco de hierro mientras que
miles de hordas bárbaras claman la justicia de las espadas,
rugidos e insultos son el coro de esta realidad, ignorante y
fatídica llena de expectativas, sus testigos; cielos de penumbra
y amargura, lluvias negras y rojizas con montañas eternas e
impenetrables son el telón de esta apertura, y a ti Zeus
escupiré mis lamentos sin remordimientos.
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Mi
encantadora.
Juan Carlos Gonzalez
Soy un caminante nato, de día y de noche camino
por las calles de la gran urbe enfrentándome a los
andenes y a los carros. Conozco el pasto, la tierra y
otras superficies que me hacen cosquillas...
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Manifiesto de un escritor
Por: Sergio Peñaranda
Comunicación
Social y Periodismo
Me
sorprendo.
Soy escritor.
Hace mucho tiempo.
Soy escritor hace mucho tiempo gracias a mi gracia para poder
describir mis desgracias. Donde está la tragedia allí me
encuentro relatándola. Pero no soy bueno en esta labor. Las
tristezas en mis manos depauperan en patetismo. Soy un mal
escritor.
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Sacrificar el Interés
Por: Sergio Peñaranda
Comunicación Social y Periodismo
Vio
el cigarrillo aplastarse firmemente en la base del pequeño
octágono de material vidrioso que se encontraba colocado en la
mesa negra, de madera casi podrida. Luego, como si esperara algo
más del cigarrillo, se quedó mirándolo mientras agonizaba y
despedía humo cansinamente. Las paredes de la habitación estaban
sucias de humedad, así que tenía mucho frío, y se abrigó con un
saco algo raído.
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